

Jorge Luis Canché Escamilla
-Más alegrías están por venir - fueron las últimas palabras que escucho “Wicho” al momento de voltearse para cruzar la línea de abordaje hacía el avión que lo conduciría a una nueva aventura –en está ocasión académica-, que inició justo, cuando envío su solicitud hace un par de meses en aquella institución educativa que hoy le abría sus puertas y a la cual se dirigía con emociones encontradas: alegría y tristeza, tristeza y alegría. Había realizado todo lo conducente para cubrir los requisitos de admisión: documentos probatorios de la disciplina de procedencia e interés, exámenes orales y escritos, entrevistas diversa; en fin todo lo concerniente para ser admitido en una institución de educación superior. Recibió la noticia aquella mañana después de haber manifestado a sus familiares y amigos que había perdido toda esperanza de una respuesta positiva de ser admitido. Comunicación que realizó a través de los diversos medios electrónicos actuales, mismos que están cada vez más al alcance de los ciudadanos del mundo. Después de ello, se dedico a preparar de nueva cuenta solicitudes de empleo, imprimir currículos, a revisar tarjetas personales que había recibido de diversos profesionales y de algunas de él, que había impreso ante la tardanza de respuesta al tema de los estudios superiores. Recostado con la mirada hacía el techo de su habitación –blanco como tabla rasa-, reflexionaba lo que el futuro le deparaba en materia de empleo. Había leído la prensa días atrás, éste, señalaba el problema que se tiene a nivel nacional en cuanto al desempleo profesional, particularmente entre los jóvenes entre los 18 y 35 años – me encuentro en ese rango, pensó para sí mismo-. Sin descontar el sub-empleo –expresó en voz alta, al continuar con sus cavilaciones. En eso estaba cuando le pareció escuchar la entrada de un mensaje en el celular, sacándolo del ensimismamiento en que hallaba. Sin grandes prisas volteó hacía la computadora, antes de contestar. Observó la entrada de un nuevo correo, sin fijarse lo abrió. ¡Casi se le paraliza el corazón de la emoción! Sin muchas palabras le indicaban que debía presentarse de inmediato al sitio escogido para su futura preparación profesional. –Fui admitido- se dijo. En treinta y seis horas era esperado y tenía que darse prisa para cumplir con las exigencias requeridas en este tipo de menesteres. Regresó de nuevo a la postura de mirar el techo, ahora ya no le parecía del todo blanco. Por el contrario, se fueron dibujando diversos escenarios que le pintaban un horizonte promisorio, mejores oportunidades. ¡No! Expresó con sentido agradecimiento, ¡nuevas oportunidades! Con ésta nueva actitud fue realizando diversas llamadas: a sus padres, a su hermana y desde luego a sus amigos y para aquellos que le habían mostrado un interés por lo que realizaba desde su egreso el año pasado.
Desde ese momento y después de dar respuesta la institución en ciernes para cumplir con lo exigido, las carreras por dejar las cosas en orden para su partida se fueron dando sin descanso.
Cuánta solidaridad recibida en todo este breve tiempo -pensaba Wicho- en tanto sentado esperaba que el reactor iniciara el despegue para su nuevo destino. ¡No! Siempre la he tenido- se dijo para sí- en tanto rememoraba los acontecimientos últimos. Las palabras de aliento nunca deje de escucharlas – continuaba en sus pensamientos-. Miró a lo lejos la intensidad del cielo azul a través de la ventanilla, lo hizo también de cerca, al atisbar hacia arriba inclinando ligeramente hacia atrás el rostro. Hay pocas nubes quizá se deba al aire frío que aún permanece hasta ahora pasado el medio día, a pesar del sol que resplandece como un abrigo para tolerar la gélídes con el que amanecimos el día de hoy – se dijo para remarcar sus pensamientos climáticos-. Los cuales duraron apenas unos segundos para regresar de nuevo a sus primeras reflexiones nostálgicas, lo inusitado del momento presente, las muestras múltiples de cristalizar sus sueños provenientes del desear ser, las palabras finales al recibir el postrero adiós del pronto regreso: “Más alegrías están por venir”. Cerró los ojos sintiendo como se alzaba la aeronave buscando las alturas, tal como él buscaba las suyas en este próximo empezar. ¿Cómo un amanecer?
¿No cree?
Mérida Yuc. Méx. A 31 de enero de 2011

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